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INFLUENZA PORCINA
Aunque el brote de influenza porcina de 2009 todavía está latente, esta,
la cuarta en 100 años, ya les ha enseñado a los científicos muchas
lecciones valiosas sobre pandemias pasadas, aquellas que podrían haber
sido y aquellas que todavía podrían ser. La evidencia acumulada este
verano indica que el nuevo virus de la influenza porcina H1N1 no era del
todo nuevo para el sistema inmunológico humano. Algunos investigadores
han llegado a considerar al actual brote como un recrudecimiento dentro
de una era de pandemias, la cual comenzó en 1918 cuando se presentó el
primer virus H1N1.
Tan pronto como el más reciente virus H1N1 se presentó en la primavera,
este atacó a los jóvenes dejando a la gente mayor ilesa. A la fecha, el
79% de los casos confirmados en E.U. corresponde a gente menor de 30
años y sólo el 2% a gente mayor de
La información publicada en mayo mostró que tanto en un tercio de las
muestras de sujetos mayores de 60 años así como en un grupo menor (del 6
al 9 por ciento) de las muestras pertenecientes a adultos jóvenes se
presentaba una fuerte respuesta de anticuerpos ante el nuevo virus. Los
autores especularon que la exposición a los virus de influenza porcina
H1N1 de después de 1918 marcó el sistema inmunológico de los sujetos
mayores de tal manera que este reconociera al nuevo virus H1N1.
El grupo del CDC consiguió muestras de 83 adultos y de un grupo de niños
que habían sido vacunados contra el virus porcino H1N1 en 1976, 43
millones de estadounidenses recibieron dicha vacuna. Más de la mitad de
las muestras de los adultos que recibieron una sola dosis de esa vacuna
mostraron tener una fuerte respuesta inmunológica contra el virus H1N1
de 2009, mientras que en el serum de los niños inoculados, todos menores
de cuatro años al momento de ser vacunados, la respuesta de
reconocimiento del nuevo virus fue poca.
De acuerdo con Jackie Katz de la división de influenza del CDC, que
publicó estos hallazgos en septiembre, esta discrepancia fue una pista
muy importante. Los adultos, que tenían entre 25 y 60 años en 1976,
habrían estado expuestos al virus H1N1 antes de 1957, el año en que el
virus dejó de circular durante las siguientes dos décadas. Katz explica
“Asumimos que una persona a la edad de cinco años habría estado expuesta
al menos una vez al virus de la influenza”. Al parecer el encuentro
previo con el virus H1N1 era la clave para un fuerte reconocimiento del
virus de la vacuna de 1976, al igual que el tener la vacuna de 1976
parece producir una fuerte respuesta contra el virus H1N1 de 2009. En
contraste, los niños muy pequeños representan las respuestas de los
sistemas inmunológicos que no han tenido un previo encuentro con el
virus H1N1.
Katz previene que los altos niveles de anticuerpos en el serum no
garantizan la inmunidad contra la infección, pero sostiene que son
buenos indicadores de protección al analizar las vacunas y que también
son una señal bastante confiable de una exposición previa al patógeno.
Para las personas con cierta inmunidad previa, una vacuna subsiguiente
podría actuar como un refuerzo (“booster shot”). Ciertamente, los
resultados de las pruebas publicadas en septiembre sorprendieron a las
autoridades del sector salud al mostrar que una sola dosis de una vacuna
contra el nuevo virus H1N1 producía una fuerte respuesta, incluso entre
algunos niños mayores de seis años, lo que insinúa un amplio
reconocimiento del virus de la vacuna por parte del sistema inmunológico
del sujeto de prueba.
Los índices de infección de las epidemias modernas de influenza
estacional sugieren que con la edad incrementa sutilmente la inmunidad
contra los virus de influenza. A pesar de que las proteínas virales
externas hemaglutinina y neuraminidasa (
Es verdad, el contagio de la influenza estacional es alto entre los
niños y “después como que declina con la edad”, dice Jeffery
Taubenberger, experto del National Institute of Allergy and Infectious
Diseases. Añade que “la gente mayor tiene el índice más alto de
mortalidad ya que presenta otras condiciones subyacentes, sin embargo
uno encuentra que la gente de entre 40 y 50 años presentan síntomas
menos críticos que los niños, una posibilidad es un lento incremento de
una amplia variedad de inmunidad contra la influenza.”
Taubenberger, que aisló el virus de la pandemia de 1997, nota que
incluso las cepas estacionales del siglo 20 tales como el virus H2N2 que
apareció en 1957 y la cepa H3N2 que comenzó a circular en 1968, están
construidos a base del virus original H1N1, como es el caso del virus
H1N1 de 2009. Taubenberger concluye que en efecto, cada cepa de
influenza humana de los últimos 90 años ha sido miembro de una dinastía
fundada por el virus de 1918.
Esos lazos familiares probablemente contribuyen a que la actual pandemia
sea relativamente menos agresiva. Los virus de la influenza aviar con
hemaglutinina H5, H7 o H9, esparcidos en aves domesticadas, todavía no
han podido obtener mayor alcance en la población humana. Si lo lograran
podrían producir un tipo de influenza tan feroz como la inducida por el
virus H1N1 de 1918, cuando realmente era nueva para la gente logrando
matar al menos 40 millones de personas a nivel mundial.
Los miedos heredados de esta situación tan grave propiciaron que se
realizaran esfuerzos para establecer una planeación en caso de una
pandemia, estos esfuerzos están dando frutos actualmente. También
propulsaron la campaña de vacunación de 1976, que ha sido considerada un
fiasco debido a los eventos adversos que acompañaron la inoculación
masiva contra una pandemia que nunca se materializó. Parece ser que aún
ese ligero roce con una versión del virus H1N1 está resultando ser un
beneficio inesperado. |
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